Mientras él hace su papel de macho, ella, tendida boca arriba, juega a encontrar formas en el techo lleno de grietas: un corazón desigual, un elefante, el perfil de una mujer.
Él, con los ojos cerrados, permanece ausente y ajeno a ella mientras logra conseguir su orgasmo. Su concentración lo limita a ver que ella permanece inmóvil, con los ojos entreabiertos por la molestia que le causa la luz amarilla del foco que yace encima de sus cuerpos medio desnudos.
Los decididos movimientos del hombre aumentan de ritmo y preveen un final cercano. Sus gemidos de pronto le sacan de concentración: casi podía contemplar una ciudad entera en el techo de su habitación.
Termina con un largo y fuerte suspiro. Se tumba a un lado de ella cerrando de nuevo los ojos sin volverlos a abrir. Al cabo de unos minutos, su respiración lenta y acompasada se convierte en un áspero e incesante ronquido.
Ella apaga las luces, echa su cuerpo sobre las sábanas tibias, jala a oscuras una cobija y se tapa con ella todo el cuerpo hasta la mitad de la cara. Con la oscuridad, ahora comienza a jugar a encontrarle forma a las sombras, mientras va cayendo en un incómodo e inconstante sueño.
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4 comentarios:
Fuerte, pero bueno. Lograste hacerme sentir coraje y lástima por la mujer (y también por el tipo)
..suena familiar... grr
creo que no había leido este... changos... que fuerte... y que real
Pobre bebe! Pero pues ella deberia decirle, oye incosiente yo tambien existo! no? osea por que si no ¨El macho¨ seguira y seguira... tururuú
Bueee, ehmmm este, si pues, eso!
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