29 de diciembre de 2008

Soledad, miedo, destino.

La soledad te oprime el pecho, te sofoca, te quita la respiración y te cosquillean los brazos hasta la punta de los dedos, como un calambre, pero sin dolor. Es una sensación incómoda y frustrante. Te embota la cabeza y te entumece las ideas. La felicidad se esfuma, al igual que las ganas.

Y yo hoy me siento muy sola. Y además de sola, me siento infeliz y luego enojada. Después surge una irritante sensación de inconformidad y rebeldía con la vida. Me siento incongruente con los pasos que doy, con las decisiones que tomo. Me siento vulnerable y extremadamente hueca. Luego surge la desesperación y la desesperanza: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿qué falta para sentirme completa y feliz? ¿por qué es que no puedo conformarme con lo que tengo? ¿por qué? Si no es tan malo...

No. No tengo la peor vida, ni estoy en la peor escuela, ni vivo en la peor ciudad. En general, la gente que conozco que vive en esta ciudad y que está en mi misma escuela, es feliz. A la mayoría no parece importarle que asesinen gente en las calles y en los restaurantes. No parece afectarles que cada día en las noticias salgan más y más muertos y desaparecidos y descabezados. Ni les preocupa escuchar balazos a plena hora del día mientras van rumbo a la escuela o al cine o al trabajo.

Tampoco parecen notar la falta de verde y el exceso de café y tierra. No notan la ausencia de lluvia, ni la falta de árboles y animalitos silvestres. Parece como si sólo conocieran las temperaturas extremas y los ríos secos y los árboles que más bien son cactus. No, ni parece que hayan notado que vivímos en medio del desierto a miles de kilómetros de la civilización.

Pero yo sí lo noto, a mi sí me preocupa y a mi sí me afecta. Me pongo paranoica por no ver árboles y por ver muchos muertos. Me fastidia la idea de estar en una escuela llena de maestros ineptos y administrativos corruptos. No, no soy la estudiante prodigio, pero al menos creo que merecemos algo digno para los casi cinco mil pesos que nos sacan por semestre.

Me siento atrapada y no sé a dónde huir: al bosque, al mar, a la jungla o a la Antártida. Mis inagotables intentos por mejorar mi estado de ánimo y mi -según yo- miserable vida, no llegan muy lejos: finalmente sigo atrapada, sigo frustrada y sigo sin saber qué hacer y qué me deparará el "destino".

9 comentarios:

Adn dijo...

Buuu, queremos literatura erótica!

Srta. Pelo dijo...

Describes a la perfección la manera en que me sentía hace unos meses, antes de salir de la preparatoria.

¿Cómo me siento ahora? No lo sé. No me siento así, es casi como si no sintiera.

Me gustó cómo escribes, un saludo ;)

Karma girl (A.K.A the black sheep) dijo...

No soy una persona optimista (el zodiaco se equivocó conmigo), pero los mejores atardeceres de otoño suceden en el desierto.

Srta. Pelo dijo...

Feliz año nuevo :)

danielis dijo...

hasta los animalitos salvajes aprenden a vivir y conocer tu entorno, a aceptarlo y a sacarle provecho de él...

una enseñanza más de la madre naturaleza...

Nath dijo...

Nuevamente me veo en tus escritos.
Parece casi una radiografia de lo que suelo sentir.

Solo que yo si voy a Huir al Bosque y estas invitada cuando quieras!
En mi casa de Cuernavaca, lo verde sobra y las ardillas a veces te despiertan cuando las escuchas brincar de arbol en arbol. Algo silvestre pero lindo.

Karma girl (A.K.A the black sheep) dijo...

El otro dia escuche una queja similar de una personita que me recordo a ti:
-mama, ya no quiero vivir aqui. No me gusta, es demasiado verde...

Quien las entiende???

Dení dijo...

jaja, le cambio el lugar ;)

wisillo dijo...

Aún las ciudades grises y secas son chidas!. A mi me encanta esta ciudad de noche, asi muchas luces, avenidas grandes y s-marts abiertos las 24 hrs :3, jajajaj.

Aunque si están mas chida otras, aún chilangolandia u.u, pero disfruta esta ciudad lo que estes aquí, alcabos pues cuanto te queda aquí?

Pero lo más chido de está ciudad es la gente que está aqui