Estoy sentada en un café desde hace varias horas. A mi derecha veo los carros pasar, enfrente hay un señor que parece que como yo, tiene bastante tiempo libre. Llegó antes que yo y no parece tener prisa de irse. Su café debe estar frío, el mío lo está desde hace rato. Como yo, bebe sin ganas, parece muy entretenido en algo que ve en su computadora. Me hace sentir mejor verlo, aunque seguro tiene mejor cara que yo, apenas alcanzo a verme reflejada en mi computadora y me desvío la mirada. No me he bañado, no he tenido un buen día y seguramente me veo peor de lo que me siento. Estoy molesta.
A veces pienso que no importa cuántas ganas le ponga a la vida, finalmente terminará por estar en el lugar que siempre ha estado. Me desconozco, ya no sé quién soy, ni quién debo ser. He sido polifacética, he cambiado muchas cosas, he cambiado todo y eventualmente termino encontrándome en el mismo lugar, estática, patética. No me siento más fuerte, ni más grande. He pasado los años mintiéndome y haciéndome creer que he avanzado.
Confieso que dejé de escribir en este blog por mi estúpida idea de seguir adelante. Me di cuenta que la mayoría de los que escribíamos en blogs éramos completamente inestables, demasiado patéticos y siempre escribíamos para evitar ahogarnos en nuestra miseria, inventando historias, burlándonos de nosotros mismos. Quise dejar de ser así. Quise pensar que si dejaba de escribir, encontraría una manera diferente de enfrentar mis inestables pensares. Que en algún momento cesarían.
Bueno, hoy volví a escribir. Empieza otro año y no empieza muy bien. Me muero de vergüenza, siento que estoy traicionando mi vieja nueva forma de pensar. Mi viejo yo sale a relucir y cómo quisiera borrar lo que llevo horas escribiendo y años pensando. Pero hoy, no encuentro otra forma de consolarme fuera de esta.

3 comentarios:
El mosquito que contagia la enfermedad de las letras escoge bien a sus víctimas. Desde entonces viven intentando curarse, a veces leyendo, a veces escribiendo, a veces alejándose de toda página escrita, fingir una vida estable, con esa especie de felicidad que se utiliza para anunciar detergentes, pero el mal es incurable y quien viva con un contagiado debe saberlo. Bienvenida de vuelta.
Buen retorno :)
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